Todas las veces que nos encontramos en medio de una fiesta, de una reunión con amigos, un paseo, una visita o en cualquier momento que aparentemente deberíamos estar disfrutando y en el fondo sabemos que no lo estamos, es porque algo dentro de nosotros se encuentra en algún otro lugar.
Me alegra que uno de los conceptos de moda en la última década sea justamente el de la realización personal como un conjunto de metas intransferibles y sin un tiempo determinado, para que las personas empezaran a observar que cada uno corre por caminos distintos y a la velocidad que puede. Junto a esta moda, debería haber llegado el manual para identificar la autotraición, que es, en palabras simples, todas las veces que nos llevamos la contraria para encajar en una situación externa y en la mayoría de los casos para complacer a otros.
Autotraicionarse es pasar por encima de uno mismo, negar que de forma inherente poseemos una identidad, un valor auténtico y, sobre todo, que sabemos lo que queremos, incluso cuando no queremos nada. Es aceptar ir al cumpleaños de una persona que ni siquiera nos parece agradable y, además, comprarle un obsequio caro. Es admitir una crítica agresiva y destructora de alguien, sólo porque hace parte de la familia. Autotraicionarse es aceptar ser moldeado al querer de otro por la simple comodidad de pretender que se sienta complacido con nuestra existencia ya que no lo ha conseguido con la suya propia.
Sonríes siempre, evitas una discusión aceptando quedarte callado ante un ¨chiste¨ racista o xenofóbico, porque todo el mundo quiere llevar la fiesta en paz. ¿Te has preguntado si realmente quieres estar en esa fiesta? A veces somos expertos en pedir opiniones y consejos, pero a nuestra propia intuición somos incapaces de escucharla. Aceptaste un cargo que no querías simplemente por el salario o el estatus, pero no logras impresionarte a ti mismo, porque tu único objetivo profesional está enfocado en impresionar hacia afuera. Ni hablar de toda la ropa y los zapatos incómodos que te has forzado a vestir, solo para que te vean como quieres que te vean y no como quieres verte.
La autotraición es sutil y solo tiende a incrementarse, principalmente porque colocamos demasiada energía e importancia en la buena opinión de personas de las que ni siquiera opinamos tan bien. Por eso nos llena de satisfacción cuando un viernes por la noche decidimos quedarnos en pijama frente al televisor en lugar de ir al Karaoke, a pesar de que eso nos haya costado la excusa más rebuscada y provocado una leve culpa. No hay que alarmarse, la culpa viene por la mentira innecesaria y no por haberte permitido hacer lo que realmente querías. Pero somos capaces de inventar cualquier cosa con tal de no parecer aburridos, aunque lo único que realmente deseáramos ese día era no renunciar al placer íntimo de aburrirnos solos.
Existen una cantidad de convenciones sociales arraigadas en una cultura global que acaban instalándose en nuestra consciencia y nos hacen renunciar a nuestros más profundos deseos sin darnos cuenta. Esa es justamente la cultura de lo conveniente, en la que lo único que interesa es permanecer rodeado de personas, objetos y situaciones que nos aproximen más de algún estereotipo que despierte envidia, que es en resumen lo que mide el éxito en su escala de antivalores.
Uno acaba perdiéndose momentos de valor real y de gran significado por permanecer en relaciones infelices con la única finalidad de no estar solos o aparentar no estarlo. Y lo más triste del asunto, es que cuando avanzas demasiado te encuentras en caminos sin retorno, lastimando a la persona con la que no querías comprometerte desde el principio pero que todos dijeron que era la ideal para ti, o permitiste que se quedara a tu lado solo porque se esforzaba en complacerte y eso te hacía sentir importante. Tal vez a mitad de una carrera en la que a pesar de que eres bueno, no tiene nada que ver contigo y en peores casos, construyendo una familia y criando los hijos que tuviste con alguien a quien ni siquiera amas o admiras, viviendo una vida que no quieres vivir y siendo una persona que desconoces o que no te pertenece.
Que nuestros deseos, pensamientos y decisiones conversen y concuerden siempre con quienes realmente somos. Si en algo creo que coincidimos todos los seres humanos, es en el deseo de saber siempre dónde y cómo encontrarnos, y para eso, es necesario revisar constantemente nuestra brújula interna y ver hacia dónde está apuntando el norte.
Lo fantástico de tus textos entre muchas cosas, es que para bien o mal, las palabras terminan adaptándose a la realidad de quien las lee. Y estoy segura que estas en particular nos hablan a muchos. Muy bueno!
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Me alegra que la satisfacción nazca de algo real y no de engaño motivador 🙂 y como siempre, gracias por leer!!
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