Los nidos que le hicieron al Cuco

Hace pocos días retomé mi lista de películas pendientes, alimentada de todas las recomendaciones bien hechas que cualquiera haya podido hacerme, de forma directa o indirecta. Me encantan las coincidencias y coincidí con ¨Alguien voló sobre el nido del Cuco¨ por varias razones que iré a explicar.

La película, dirigida por Milos Forman está basada en la novela homónima de Ken Kesey, que estaría hoy cumpliendo 85 años, justo cuando se me dio por despertar los significados de parte de su obra a través de este texto. Por otro lado, Forman quien se encargó de llevar la novela a la pantalla grande para que yo pudiera verla el lunes pasado, habría cumplido 88 el 18 de febrero de este año y coincidencialmente habría tenido el gusto de celebrar junto a él mis 24. Pero más allá de las coincidencias, quiero ir a los detalles de por qué una cinta de 1976 retrata configuraciones sociales que no pierden vigencia.

El título

Sí, el Cuco se refiere al ave que todos conocemos por tocar las 12 en los relojes de pared antiguos y que emiten el sonido al que hacemos alusión cuando nos referimos a alguien que está loco. Lo curioso de esta ave es que además de ser solitaria y llevar por nombre la onomatopeya de su canto, no hace nidos propios. El Cuco vive siempre en los nidos de otras aves, haciendo culto de su libertad y su carácter migratorio y aprovechando la ausencia de los dueños de esos nidos.

Los personajes

Randle McMurphy, interpretado por Jack Nicholson, pareciera encarnar lo que la mayoría de nosotros juzgaría como vício. Es rebelde, inadaptado, cínico y explora los límites de la cordura propios y de sus compañeros del psiquiátrico al que ingresó para librarse de cumplir una condena en la cárcel por tener relaciones sexuales con una menor de edad. Su opuesto directo y al otro lado de la balanza es la enfermera Ratched, intimidante, autoritaria y con métodos de control pasivo-agresivos que la hacen parecer la menos humana -y más compleja- de los personajes. Justo este viernes se estrenará su propia serie dirigida por los autores de American Horror Story.

El significado

Desde que no hemos tenido que enfrentarnos más a tigres y mamuts o buscar nuestro alimento con métodos más o menos bárbaros, nos ha dado tiempo de organizarnos en sistemas y comunidades en las que cada vez hay menos espacio físico y metafórico y en los que se ha confundido la construcción de la identidad con el descubrimiento del Yo.

Es una exigencia social tener que parecer para pertenecer, construir una identidad basada en los elementos que el mismo sistema te ofrece y de esa forma encajar. Pareciera que cuando hablamos de identidad, nos referimos a algo completamente auténtico y la realidad es que lo que nos hace verdaderamente únicos son el conjunto de interacciones que tenemos con las personas y el medio con el que nos relacionamos. Existen poquísimas probabilidades de encontrar en el mundo a otra persona con las mismas configuraciones sociales que uno. Ni tratándose de hermanos gemelos con un mismo grupo de amigos, porque la forma en la que cada uno de nosotros procesa esas interacciones son completamente distintas.

La identidad que podamos asumir, en parte construida, en parte heredada, puede fácilmente mimetizarse con un grupo grande. La tribu con la que compartes un gran porcentaje de gustos que te hacen sentir especial pero que en el fondo están determinados por el propio mercado.

Eres fitness, Yogui, Emprendedor, Defensor de la justicia, Crítico del gobierno, Minoría, Latino, Tu Propio Jefe o tal vez encajas en el grupo de adultos jóvenes entediados del sistema, dispuestos a configurar su propia rutina en función de su bienestar y salud mental y que para eso requieren 4 cafés por día, 5 proyectos empezados, 2 grupos de tertulia, 1 podcast y sesión de terapia todos los viernes por la tarde. Son más las cosas que nos unen que las que nos hacen únicos… y hasta esa necesidad de diferenciación, de personalización, de elevación de la libertad aparente con cualquier cosa que pueda comprarse, hacen parte de las no-libertades que tenemos.

Uno no elige la familia en que nació, ni los valores y principios sobre los cuales ha sido educado, ni la cultura en la que se crió, ni las convenciones sociales que el Estado ha creado para generar una identidad ciudadana. Ese gran porcentaje de construcción de la identidad nos viene dado por Dios o por el azar desde el momento en que nacemos. El camino en ese proceso de construcción se nos abre realmente cuando volamos sobre el nido, ese que no sabemos con total certeza si realmente era nuestro, pero que hasta entonces hemos habitado. Y si nos observamos bien de cerca, nos daremos cuenta que no somos todo eso por lo cuál nos han conocido. No somos el trabajo que realizamos, ni la carrera que estudiamos, ni el nombre que nos dieron, ni el apellido que heredamos. Todos esos elementos pueden identificarnos, pero no definirnos y nuestra verdadera libertad es poder descubrir quienes somos, quienes hemos sido y qué cosas de las que queremos realizar, le aportan sentido a nuestra vida.

No podemos hablar de que exista un solo sentido, sino un universo de muchos posibles que tendremos que descubrir al borde de nosotros mismos, encontrarle el significado a lo que nos es importante, las veces que sean necesarias y en ese margen de poder decidir, encontrarnos de cara con la verdad. Sabremos que la hemos encontrado cuando nos sintamos libres, tal como les dijo Jesús a los judíos. Curiosamente, él mismo murió a manos de hombres dedicados a proteger la ley y la sana doctrina defendida hasta nuestros días, convencidos de que esa idea de libertad era todo lo que podría atentar contra ¨el bien común¨ y la verdad de la que estaban convencidos.

No hay nada de místico en descubrir nuestra verdad, el misterio es que confiamos más en instituciones que en nosotros mismos y perdemos la disposición de autocriticarnos y cuestionar nuestro conjunto de creencias, ideas y pensamientos porque estamos acostumbrados a recibirlo todo hecho. Las personas nos apasionamos por los modelos y no por las causas, perseguimos formas y no fondos y vivimos en constante búsqueda de construcción y representación de una identidad, más que de encontrarnos.

La enfermera Ratched en el psiquiátrico también defendía ¨el bien común¨, a costo de cualquier método de represión posible, porque para nuestro sistema, ¨el bien¨ debe ser impuesto a través del control total. En ese sentido el Estado, la Iglesia, tu Familia o cualquier institución sabe lo que es mejor para ti más que tú mismo (que ni siquiera te conoces) y hará lo posible para imponerte ese bien y encaminarte por el lado correcto (que es el suyo) aunque eso implique hacer de ti un vegetal, un idiota funcional sin reacción, criterio u opinión auténtica. Como si se tratase de una lobotomía colectiva. En el mundo del Cuco, cuestionar y desafiar lo que está preestablecido, es lo más razonable que se puede hacer ante un mundo que funciona sin ninguna razón intrínseca más que el poder o el dinero y el control que se ejerce a través de estos.

De esclavo a verdugo

Dicen que si no puedes contra ellos, te les unas.

En el hospital psiquiátrico de ¨Alguien voló sobre el nido del Cuco¨ los enfermeros son negros y su función específica es acatar las órdenes de Ratched de usar la fuerza cuando uno de los pacientes trata de ¨alterar el orden¨. La representación de una comunidad que durante siglos ha sido discriminada y maltratada y que la oportunidad que el sistema les otorga de servir al mismo es pasando de esclavos a verdugos, son otra pieza de engranaje de nuestro gran sistema de control. No puede fracasar más una sociedad que tiene pobres y analfabetas en la fuerza pública velando por el orden del mismo entorno que los margina. Qué paradójico resulta entender que antes de preguntarnos cuál es nuestra función, ya se nos haya dado de antemano el lugar que debemos ocupar y aún así nos hagan pensar que podemos elegir.

Sentido

Pero hay más roles dentro de este enorme psiquiátrico que es nuestra sociedad. Si no eres verdugo o autoridad, siempre puedes ser paciente y apelar a la privación de tus libertades de la forma en que lo prefieras. En medio de los esclavos, quedan lugares para los que están dispuestos a saltar por la ventana y escaparse a pescar un par de veces y dentro de los más osados, los que están listos para servirle de forma plena a su propia verdad, al arte, la justicia o la ciencia, que saben que su papel no es más que el de un instrumento o un canal de expresión, que están dispuestos a volar sobre el nido y a ser el Cuco mismo cuando haga falta, aquellos que no le temen a perder la cordura por lo mucho que pueden ganar. Los que su bien más preciado es la libertad de su propia mente, los que saben que son todo aquello que las personas puedan sentir cuando los tienen cerca, los que saben que todos los días darán las 12 y aún así, esperan ansiosos el momento de cantarlo, porque más allá de hacer cosas sin sentido, les dan sentido a las cosas.

Los Cucos no hacen nidos porque su función es volar. Ya hay demasiados nidos que pueden usar cuando sea necesario descansar, pero hasta ese descanso es estacionario, de ser permanente, ¿qué sentido tendría que una criatura diseñada para volar, tenga que permanecer estática?

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