Productivos

No me gusta sentirme productiva. Siempre asocio la productividad a un contexto mercantil, a la necesidad de ser ´competente´ para ese mercado, a ser la pieza del engranaje que funcione mejor, más rápido y cobre menos. La sensación de ser productiva en algo que no tiene nada que ver conmigo, me hace sentir miserable.

Por el contrario, me gusta sentirme creativa, ingeniosa, inventiva. Esos tres sinónimos me acercan más al gusto de invertirme física e intelectualmente, de dedicar mi tiempo (no ocuparlo) a hacer cosas que me conectan con mi ser humano y con lo relacionado a la naturaleza externa o interna.

Ocupar el tiempo es solo llenar una agenda con cosas pendientes por hacer; y dedicar tiempo es un acto consciente y voluntario de querer que algo que es importante para mi sea materializado.

Umberto Eco definió el Kitsch como un ¨medio de afirmación cultural fácil, por un público ilusionado, que cree consumir una representación original del mundo mientras, en realidad, goza apenas de una imitación de la fuerza primaria de las imagenes¨. Es todo aquello que las personas se dicen a sí mismas que necesitan creer para -vivir- una sociedad armónica. Es un discurso político. Milan Kundera dice sobre el mismo término que se refiere a un ¨espacio imaginario en que las creencias y certezas son mantenidas a salvo del ¨contagio¨ de una realidad que casi nunca se adecua a ellas¨. Es la negación de la mierda, en sentido literal y figurado, porque excluye de su campo de visión todo lo que la existencia humana posee de inaceptable.

El Kitsch es convencerme de que todo en mi mundo debe estar perfectamente bien porque tengo todo lo que el marketing y el coaching me dijeron que necesito (que en realidad es más de lo que -realmente- necesito). Trabajo, techo, transporte, reconocimiento, poder adquisitivo y ¨optimización del tiempo¨, que se traduce en ma capacidad de serle ¨productivo¨ a alguien y que esa productividad determina nuestra importancia, nuestro valor. Esos valores propagados e intocables, están pasteurizados en el mismo discurso. Reduce al minimo la creatividad, limitandose a la manifestación de posiciones que cumplan con una aprobación pública potencial.

No hay espacio para la transposición del criterio frente al efecto del qué diran. Y aunque secretamente muchos puedan sentir (como yo) el olor de la mierda, nadie se va a agachar a limpiarla. Eso sería improductivo y definitivamente no quieres ser así, prefieres seguir lamentando el lento pasos de los días hasta llegar el viernes. Tal vez sea todo lo anterior descrito, o simplemente estoy aburrida.

Por cierto, escribí esto en mi horario de almuerzo, no vayan a pensar mis compañeros de trabajo que estoy ocupando mi tiempo en cosas superfluas, como pensar.

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